Sobre Arrate

He aquí lo que Juan San Martin escribió sobre la Virgen de Arrate y el Santuario en el libro Antzinako Eibar:

“Siguiendo las citas de P. Lafitte y J. M. Barandiarán sobre algunos casos de adaptación o suplanta­ción de creencias paganas al cristianismo en la figura de Mari, en el presente trabajo se recogen materiales que atestiguan ascenden­cias míticas en torno al Santuario de Ntra. Sra. de Arrate, en Eibar, donde destacan, evidentemente, costumbres y creencias en las que afloran reminiscencias del culto a la fecun­di­dad.

Como ya indicó el que suscribe, en el trabajo "Arrateko kantategia" (Cancionero de Arrate), publica­do en el volumen Homenaje a Odón de Apraiz (Vitoria, 1981), y reproducido en el trabajo que precede, Arrate es un lugar rico en tradiciones populares. Pero el hecho más peculiar de su folklore radica en la entremezcla que se hace del culto mariano con el de la fecundidad; pues, para los eibarreses, la vida comienza en Arrate. Así como en otras partes las criaturas son traídas desde París o por la cigüeña, a Eibar se traen de Arrate. Y, para ello, previamente, los jóvenes han de acudir a dar las tres vueltas rituales a la cruz de piedra que se halla en lo más alto del cerro, en petición de cónyuge. Antaño, para curar a los niños enfermos, se les llevaba a Arrate a pasar tres veces por debajo del manto de la Virgen y en nuestros días se conserva la práctica de pasar por debajo del manto durante la gran romería de Arrate.

La imagen de la Andra Mari de Arrate es de estilo gótico - popular que puede muy bien remontarse a la primera mitad del siglo XIV. La estructura arquitectónica de la parte absidal del templo es también de estilo gótico. El resto del inmue­ble, con la bóveda inclusive, es obra de finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Pero la primera cita histórica se conoce a raíz de un reparto de leña para el vecindario de la villa de Eibar, y que corresponde al año de 1498. Más tarde, se conoce un acuerdo entre la junta parroquial de San Andrés Apóstol de la villa y el Patronato del Hospital de Ntra. Sra. de Arrate (que ubicaba dentro de la propia villa), correspondiente a 1595, para reno­var las viejas ordenanzas de 1508.

Situando a aquella época, conviene aclarar que la principal fiesta de Arrate se celebraba el 8 de diciembre, y que a petición de autoridades locales y vecinda­rio, aludiendo a los rigores del tiempo invernal, fue trasladada al 8 de setiem­bre por un Breve expedido por Pío IV, en cuyo documento se le titula Purísima Concepción, que le acredita ser la primera de las Vírgenes medievales vascas que recibe el mencionado título.

La leyenda de la aparición viene a ser común a la de otras Andra Maris del país. La Virgen se opone a construir el templo en las proximidades de la villa y de noche traslada los materiales a la campa del monte Arrate, a donde subiría en tres pasos. Es creencia de que la Virgen de Arrate viene a ser una de las siete hermanas que eran las vírgenes. Hasta primeros del presente siglo, en la ceremo­nia de cuidados y preparación cara al público para la gran fiesta, intervenían doce doncellas de la localidad. En la leyenda e incluso en algunas partes del cancionero aparecen conceptos que en otros lugares son atribuidos a Mari o a los Gentiles de la mitología vasca. En el cancio­nero también encontraremos referen­cias alusivas a facilitar pistas para la localización de cónyuges, y serán el mirlo o la perdiz, cual pájaro de buen agüero, quienes comunicarán el lugar de disponibilidad. Pero aún perdura la creencia de lograr novio o novia con dar tres vueltas a la cruz. Por otra parte, en Eibar, es de dominio público el que los niños se traen de Arrate. Creencia que se va perdiendo rápidamente en las nuevas generaciones de hoy por los cambios educacionales en materia sexual, pero hasta época muy reciente, Arrate ha sido el lugar que daba origen a la vida.

Hubo épocas que conoció prohibiciones, y de hecho se eliminó el aparejamiento consentido en otros tiempos en los que se acostumbraba pasar las noches en el interior del templo. Posiblemente influye­ron las normas establecidas desde el Concilio de Trento. Los impedimentos comienzan, según los testimonios existen­tes, en 1602 y avanzan progresivamente las sucesivas prohibiciones y cierres del templo hasta el siglo XVIII, con prolongación de sucesos a lo largo del pasado siglo. El mismo tras­lado de la fiesta, de diciembre a setiembre, en 1563, pudo muy bien ser intencional. La amonestación más severa originó la orden dada por el obispo de Calahorra el 8 de julio de 1657, al no permitir pasar las noches en santuarios y ermitas, práctica muy arraigada en Arrate durante la fiesta princi­pal y por Nochebuena. En 1687 y 1688, las autoridades eibarresas consiguieron permisos especiales para continuar según costumbre, pero desde la visita pasto­ral de 1692 vienen órdenes muy estrictas, hasta el extremo del cierre del templo durante la fiesta. En consecuencia hubo duras controversias y las autoridades eibarresas alegaron que las prácticas atentatorias a la moralidad se seguían igualmente porque las parejas de ambos sexos se reunían por la noche al amparo de las frondas que rodeaban al templo, y solicitaban la apertura del mismo por­que ello ayudaría a controlar mejor, pues ellos se encargarían en "hacer la dili­gencia de apartar los hombres de las mujeres y poner velado­res...". Se mantuvo el litigio sin dar paso a la caza de brujas como ocurrió en otras partes, y a pesar de las amenazas no llegó la intervención del Tribunal de la Santa Inquisi­ción, aunque los pleitos se mantuvieran latentes hasta que en 1754 el corregidor del rey para Guipúzcoa Pedro Cano y Mucientes dictara nuevas normas para impedir radicalmente tales prácticas. No obstante, se conocen algunos brotes esporádicos hasta finales del siglo pasado, pues el último cierre del templo por amonesta­ción ocurrió en 1884.

Es evidente que haya connotaciones con algunas creencias del mundo clásico, pero por prudencia se considera más lógico interrelacionar con la mitología vasca, en lo que conocemos de ésta. En Arrate no se nos ocultan creencias atribuidas al numen Mari, a los Gentiles y otros sucesos de nuestra mitología, como vienen a revelar la repetición trinitaria, las siete fases de la divinidad y otras prác­ticas. A lo largo de la exposición, en cada caso, se facilitan referencias bi­bliográficas y documentales al presentar cada una de las manifestaciones. Pero, en lo fundamental, y como resulta­do, el Arrate antiguo constituía el centro o lugar del inicio de la vida, génesis mitológica, cuyas reminiscencias son las presentes pruebas de ritos de iniciación y fertilidad. Pero lo más extra­or­dina­rio es que algunas de estas costumbres aún perduren como la cosa más natural en las memorias de los eibarre­ses contemporáneos.”

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