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Patrimonio Cultural de Eibar

José Eulogio Garate

Para los entendidos en fútbol José Eulogio Gárate Ormaechea siempre será El Ingeniero de Área. Gárate nació en Sarandí, Argentina el 20 de septiembre de 1944, pero eso puede considerarse un accidente, cómo la mayoría de sus biógrafos suelen hacer. Si nos detenemos tanto tiempo en dónde nació es porqué Gárate fue futbolista en una época en la que ese tipo de detalles, más que los resultados deportivos o el tirón mediático, podían tener gran repercusión en la carrera de un futbolista.

En nuestro caso sirve, de momento, para ilustrar un accidente demasiado común entre los eibarreses de su generación. José Eulogio nació en Sarandí, provincia de Buenos Aires, porque sus padres habían ido a visitar a su abuelo, que estaba allí exiliado tras haber sido teniente de alcalde republicano en Eibar. Teniendo en cuenta que el Gárate de su apellido es el mismo que iba estarcido en las famosas bicicletas G.A.C., creo que podemos reclamar con algún fundamento su eibarresidad.

De hecho el pequeño Gárate regresó casi inmediatamente a Eibar, y fue en la S. D. Eibar donde debutó como futbolista en 1963. Un ojeador lo había visto jugar en Deba durante un verano, –Gárate estudiaba en Tudela–, y le había ofrecido una plaza en el Urko, del que pasó al primer equipo. Sus padres, con esa sensatez propia de los padres de todos los tiempos, insistieron en que, a pesar de sus innegables cualidades para el balón, sus estudios debían ser prioritarios. Eso significó, ya que Gárate se matriculó en la Escuela de Ingenieros de Bilbao, que muchas veces no podía asistir a los entrenamientos en Ipurua. De su calidad ya entonces nos da idea el que, a pesar de esa ruptura de la disciplina, que rara vez se perdona, Gárate seguía jugando los partidos los fines de semana.

La prioridad de su formación fue la que decidió que dejase el Eibar por un club que le quedaba más a mano de su Escuela de Ingenieros. El Indautxu, donde debutó en 1965, era una conocida cantera del Athletic de Bilbao, sin embargo, aunque la calidad de su juego era sobradamente conocida no pasó al Athletic por una restrictiva interpretación de la doctrina del Athletic. Al parecer haber nacido en Argentina era un accidente de lo más grave.

Descartado el Athletic la cuestión se reducía a quien le permitiría completar su carrera de ingeniería. En San Sebastián, la Real también se había interesado por él, no había escuela de ingenieros, así que sólo quedó Madrid, donde el Atlético garantizó la continuidad de los estudios y una exención del servicio militar.

Gárate llegó al Atlético en un momento en que estaba a punto de cristalizar uno de los mejores periodos deportivos del club. El Atlético de Gárate conquistaría las ligas de 1969/70, 72/73 y 76/77, dos Copas, en 71/72 y 76/77, y la Intercontinental de 1974. Fue allí donde se convirtió en El Ingeniero del Área, no sólo porque terminó su carrera, lo que le convirtió en una excepción entre los futbolistas de la época, que no solían tener estudios superiores, sino especialmente por su extraordinario ojo para el juego y sus bien trazadas jugadas. Las mismas cualidades lo llevaron a ser internacional con la selección en 18 partidos, la mayoría con el mítico Kubala como seleccionador, en los que marcó 5 goles.

Otra cualidad que siempre se le ha atribuido a Gárate es la elegancia en el juego y en lo personal, ser lo que se suele llamar un caballero del balompié. Hay varias anécdotas al respecto, cómo la –algo exagerada– de que no solía celebrar sus goles, –y marcó unos cuantos; fue pichichi en 1968/69, 69/70 y 70/71– por respeto al rival, o la –cierta– de que sólo fue expulsado del campo en una única ocasión en toda su carrera, o la de que el famoso defensa Benito –un firme defensor del “o pasa el balón o pasa el delantero, pero los dos a la vez no”– sólo indultaba, nobleza obliga, de su habitualmente doloroso tratamiento al Ingeniero. De la magnitud de la deferencia da idea el hecho de que Benito pertenecía al Real Madrid, archienemigo del club colchonero.

Gárate tuvo que retirarse en 1977 debido a una extraña lesión de rodilla. No es raro que un delantero acabe su carrera con los meniscos más recosidos que los cuadros del mismo balón, pero en el caso de Gárate no estamos hablando de una lesión al uso. Una pequeña herida en la rodilla que sufrió durante el primer partido que jugó aquella temporada dio entrada a un hongo que, literalmente, se comió su articulación.

Lo extraño del caso hizo que el primer tratamiento que se le administró empeorase las cosas y Gárate regateó la amputación de puro milagro. En esas condiciones Gárate colgó el área y se dedicó a ser el ingeniero, a secas.

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