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Los cementerios de Eibar, el civil y el católico. Los entierros “por lo civil” o “por la iglesia” vienen de antiguo.

20/05/2021
El antiguo cementerio estaba junto a la desaparecida ermita de la Anunciación, en Ibarkurutze, en los terrenos de la casa Ibarbea.

"Eibarko kanposantu bixak" (Atzo goizeko ipuinak, Martin Azpilikueta)

El día 18 de enero del año 1863, el Ayuntamiento tuvo conocimiento de la situación del cementerio por un informe en el que se indicaba que sus dimensiones erán muy reducidas y que se encontraba en pleno centro de la localidad, entre las calles Errebal y Arragueta, y que, por lo tanto, el municipio tenía que hacer lo necesario para hallar otra ubicación más favorable. La Junta de Sanidad analizó el contenido del informe y declaró que el cementerio no reunía las condiciones adecuadas.

Ante ello, el Ayuntamiento constituyó una comisión con el apoyo técnico del arquitecto Santiago de Sarasola para buscar un espacio propicio para el nuevo cementerio. En 1864 el Ayuntamiento decidió construir el nuevo cementerio junto a la ermita de Santa Inés, en los terrenos del marqués de Santa Cruz, pero finalmente no se edificó, y en mayo de 1865,  el Ayuntamiento decidió construir el nuevo camposanto en el paraje denominado Garrosoro (actualmente, Urki).

En abril de 1866 se sacaron a licitación las obras de construcción del nuevo cementerio, una de cuyas partidas estaba destinada a su ejecución, la construcción de los muros perimetrales, la colocación de la puerta principal y el camino de acceso al mismo, y la segunda partida para la construcción de la capilla.

Años más tarde, en 1887, se decidió construir la Alhóndiga en Ibarkurutze, en los terrenos del antiguo cementerio, según proyecto del maestro de obras Pedro José Astarloa.

El 16 de junio de 1902, la Comisión de Gobernación del Ayuntamiento analizó el modo de construir el nuevo cementerio civil, debido al mal estado de conservación del antiguo. En el año 1903 se compraron los terrenos para su construcción con un presupuesto especial destinado a tal efecto. El proyecto era del arquitecto Cortazar. Se construyó al lado del cementerio católico, y para el año 1905 estaban finalizadas las obras de construcción.

A los dos años de la muerte de Franco, en 1977, se derribó el muro que hasta entonces existía entre el cementerio civil y el católico. Martin Azpilikueta trae a colación el descenso del Eibar en boca de dos difuntos, uno enterrado “por lo civil” y el otro “por la iglesia”.

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